7.1.11

Noche de Reyes


Ahora que la ilusión y los sueños se han visto realizados, ahora que ha finalizado el mágico día…  puedo, en esta hora en que los pequeños ya duermen, relatar un recuerdo, quizás el primero después de haber atravesado la frontera de la infancia.

Era noche de Reyes. Fuimos a ver la cabalgata. Una sensación de excepcionalidad me invadía. Quizás era la primera vez, la única, la última vez.

Debieron pasar a caballo, como lo hacen todavía, por las calles repletas de niños alborozados. Mi rey era Baltasar. Al volver a casa supimos que habían estado allí.

Imaginé la escalera que los condujera, peldaño a peldaño, hasta mi cuarto: estrecha, de madera. No alcanzaba a entender cómo habían podido estar lanzando caramelos por las calles de la ciudad y subiendo a la vez por mi ventana. Pero es posible que enviaran emisarios... de todos modos, ¡qué más daba! eran Magos.

Me apresuré a ver qué me habían dejado y en la oscuridad del cuarto vi algo oscuro, brillante, arrugado. Una ojeada me bastó para adivinarlo: ¡pasas de Málaga! No sé por qué me pareció tan buen regalo, pero recuerdo vivamente la sensación de fraude y enfado que me invadió cuando, al acercarme, con intención de abrir y saborear tan dulce presente, comprobé decepcionada, que  -como por arte de magia- las pasas se habían transformado en una triste cartera marrón, envuelta en papel de celofán arrugado.

Aquellos fueron mis últimos Reyes Magos.

3 comentarios:

  1. Hola Woman, esto que leí ya lo conozco, y yo creo que a todos nos pasó algo similar. La decepción termina con la fantasía, con la magia, con la sana ingenuidad de un niño. debe ser uno de los primeros golpes duros que uno recibe. Yo esperé toda mi vida un tren eléctrico que nunca llegó. Pero bueno, no está mal seguir esperándolo, o tal vez ahora que lo pienzo llegó pero con otra forma y yo no me di cuenta. Busca por algún rincón de tu vida las pasas, que por ahí deben estar.

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  2. Roberto

    La cuestión que en mi carta a los reyes no habia incluído yo una caja de pasas. Por eso me extraña tanto el recuerdo. Tampoco había pedido una cartera para el colegio. ;-)

    Imagino que las pasas fueron una solución inconsciente, una especie de alucinación ante aquella realidad tan poble y utilitaria ante la que me encontraba. Un momento de "sin razón" necesario para mantener la fantasía viva, un ratito más.

    Y visto así, tienes razón, las "pasas" siguen presentes en algunos rincones de mi vida. Aún mantengo cierta capacidad de versionar la realidad para mantener ilusiones, un ratito más.

    Me alegra verte por aquí.

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  3. Ah, también me queda el gusto por lo dulce. Y por las pasas de Málaga.

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