28.11.10

Un relato de FLOR

FLOR ha enviado una historia que según ella "parece sacada de una telenovela" y con cuyo recuerdo pasa momentos divertidos con sus amigas.


He tratado de reescribirla, conservando en muchos casos el texto "literal", y en otros, realizando pequeñas modificaciones para facilitar su lectura y resguardar la confidencialidad. Siempre, manteniéndome fiel a su contenido emocional. Gracias por tu historia Flor. 


Aquí la tenéis: 


Ya DIJERON UNA VEZ…”¡¡QUE LA AVARICIA ROMPE EL SACO!!”

La desilusión que Flor había sufrido con su primer amor la había llevado a consolarse y llenar las largas noches de soledad conversando con esos "caballerosos" y misteriosos personajes del meetic.

Tras muchas noches y muchas conversaciones, un mensaje llamó su atención: “Busco a mi media naranja, ¿dónde estará? Quizás en el otro lado del mundo”

La curiosidad la llevó a empezar una divertida y amena conversación con el hombre que había escrito aquel anuncio.

Flor tenía 18 años y vivía inmersa en la ignorancia y locura que caracteriza a las personas de esa edad.  Miguel, por el contrario, era un hombre de 42 años, curtido y con gran experiencia en la vida.
 
Pasaban las horas delante de esa pantalla que los separaba, hablando y contándose experiencias e historias vividas. Cada día era mejor, y cada vez tenían más ganas de verse, a pesar de los recelos de Flor por la gran diferencia de edad que había entre ellos. "¡Quién sabe si no estará casado!... ¿y si tiene hijos? podrían ser de mi edad…"

Estas dudas, sin embargo, intrigaban más a Flor, y aumentaban sus ganas de conocerlo.

Su amable y cálida voz, su forma de ser, su aspecto -vislumbrado en alguna foto que le había enviado- hacían que Flor se sintiera terriblemente atraída por él y por todo lo que un hombre así podía aportar a su vida: cariño, afecto, estabilidad, sabiduría… todo esto y también sus grandes, aunque -luego lo sabría- grandes y falsas promesas.

Una tarde, Miguel convenció a Flor  para que fuera a visitarlo. Vivía en una pequeña y acogedora casita a orillas del mar, curiosamente en el pueblo dónde ella veraneaba de niña. Pensó que sería grato, después de algunos años, volver a aquel lugar tan lleno de recuerdos. Y acudió.

Una cena junto al mar,  la luna, la luz de las velas, y la cercanía de ese hombre tan apuesto -que a cada mirada le gustaba más- hicieron de aquella noche, una noche inolvidable. Era muchísimo más apuesto de lo que ella esperaba. Guapo, atlético, moreno.

Flor volvió a su ciudad y Miguel siguió en contacto con ella varios meses más. Sin embargo, algo comenzó a resultarle extraño, “llamadas colgadas”, “ahora no puedo hablar”, “después te llamo…”

Él, seguía insistiendo en que quería estar con ella y aseguraba que se enfrentaría a todo lo que hiciera falta para conseguirlo.

Ella, a pesar de sus innumerables dudas, decidió intentarlo, y así hubiera sido de no haber aparecido Mar en su vida.

- ¿Diga?

Flor, soprendida al oir una voz femenina al otro lado del auricular, colgó el teléfono, cerciorándose, antes de volver a marcar, que ese era el número desde el que cada noche Miguel le recordaba cuánto la echaba de menos. 

- ¿Diga?

Mar contestó por segunda vez, esperando escuchar, ahora, alguna voz al otro lado.

- ¿Puedo hablar con Miguel?  -se atrevió a pronunciar, casi en un susurro.
- Ha salido un momento...  ¿quien le llama?
Soy Flor, su novia.

Tras unos momentos de silencio, Mar, amable, saludó a Flor y comenzó a preguntarle cosas sobre Miguel... desde cuándo lo conocía, cómo se habían enamorado,  y toda una serie de detalles que en un primer momento extrañaron a Flor, pero con los que Mar parecía alegrarse.

Las dos mujeres charlaron amigablemente durante largo rato. Parecían conocerse desde siempre.

Cuando Miguel salió del ascensor, se sorprendió al encontrar una gran caja cerrada junto a la puerta de la casa. En ella había un sobre con su nombre escrito. Lo arrancó, sacó la nota que contenía y la leyó:

Aquí encontraras todas tus pertenencias (ropa del cesto sucio incluida).

He tratado de conservar el desorden habitual en que las mantienes, por lo que quizas tengas alguna dificultad para encontrarlas. Te adjunto inventario: la maquinilla de afeitar, el cepillo de dientes, 2 pijamas, 3 camisetas,  2 pantalones de vestir y 2 vaqueros, la americana de ante,  3 jerseys de pico, 4 camisas; 9 revistas de motos, el libro que te regalé, tus pastillas para la hipertensión, las zapatillas de casa, 3 pares de calcetines, 5 calzoncillos, el desodorante, tus gafas de cerca, el anillo que me regalaste, la radio-despertador, el antiácido, tu botella de ron (casi vacía), las tijeritas corta pelos (de orejas y nariz), la crema de afeitar... y la última factura de teléfono.

PD.: Por cierto, Flor me ha dicho que no te molestes en llamarla.

8 comentarios:

  1. Excelente relato!

    =) HUMO

    ResponderEliminar
  2. Hola woman, la verdad que despues de leer la historia estoy impresionada, aunque como tu dices le has hecho algunas modificaciones sigue teniendo totalmente la esencia de la situación y lo has transmitido perfectamente.Muchas gracias,y muchas gracias también a Humo por el comentario,me alegro de que te haya gustado esta historia.

    Besos.

    ResponderEliminar
  3. Que buena historia, pero al final pasó lo que tenía que suceder, aahhhh pobre Miguel, pero él se lo buscó, quien mucho abarca, poco aprieta.

    Besos

    Gaspar

    ResponderEliminar
  4. Gracias por tu visita y tus comentarios.
    Si lo deseas puedes utilizar las fotos que quieras en tus hermosos relatos, para mi sera un placer que así lo hagas.
    Te sigo.

    ResponderEliminar
  5. Me pregunto cuándo comenzó el mito de que el hombre (como especie) es de naturaleza monógama... Para mí que el promotor fue un ser de género masculino... Y nosotras le creímos. Y todavía, por desgracia, lo seguimos haciendo. Pero qué bien si con experiencias así rompemos el hechizo de una vana ilusión.

    ResponderEliminar
  6. jajaja
    Buenisimo!!!!
    me ha encantado!!
    Por cierto me llamo Pérfida.
    Un saludo coleguita

    ResponderEliminar
  7. Dura entrada.. todavía tiemblo..jamás desearía que el relato hubiese acabado así, ojalá Mar hubiese sido una buena amiga, una antigua novia,... que los tres mantuviesen una buena amistad al menos..

    Mi miedo cada vez me consume más..

    Gracias por tu entrada, quizás quiero seguir de momento con los ojos cerrados o quizás me dé igual pq aunque los abra sigo estando enamorada de un Miguel por muchas Mares que me cojan el teléfono...

    Besazo, aunque desde la tristeza T_T

    ResponderEliminar
  8. Que buen rollo darle un final realista.
    Me gustó y sentí que éste derrotero elevó el relato, por un momento al principio parecía irse al género del mastusrcuento principeazulesco empalagoso.
    Que bien que no fué así.

    ResponderEliminar

Pensaron volver... ¿volverán?

Entradas populares

Loading...