2.3.11

Libertad



"Hay quienes no pueden aflojar sus propias cadenas y sin embargo pueden liberar a sus amigos" F. Nietzsche. "Así habló Zaratustra


"¿Qué hago aquí? ¿Qué diablos hago aquí?" 

Estas palabras, pronunciadas ahora por una voz masculina en un escenario diferente, condujeron a Marcela a momentos pasados, cuando con la mirada clavada en la pantalla y  los dedos presos en el teclado, encerrada, sin salir, sin comer, casi sin dormir, a punto de entrar en estado hipnótico, pero  todavía consciente, Marcela se preguntaba ¿qué hago aquí?  

Se lo había preguntado muchas veces, incluso había escrito sobre ello. ¿Qué extraña razón la tenía frente a un ordenador, atrapada? y siempre recordaba aquel tema de Burning que tantas veces bailó alocada. ¿Qué hacia una mujer como ella en un sitio como ese? 

La pregunta no le servía para modificar su actitud. Seguía. Allí seguía, como tanta gente, enganchada a una máquina, a una quimera. Aún a sabiendas de que no funcionaba.

La atracción que el ordenador ejercía sobre ella era muy fuerte. Y no sabía bien si lo que la tenía enganchada era la posibilidad de encontrar aquello que andaba buscando, (¿qué estaba buscando?) o simplemente la costumbre de llegar, encender, sentarse y esperar. Seguramente esta razón, menos poética, era sin embargo más verdadera, porque somos animales de costumbres -se decía- y una vez que cualquier acción se ha transformado en hábito y se ha instalado en tu vida, es luego muy difícil desprenderse de ella.

Dicen que son necesarias sólo 21 repeticiones para transformar cualquier conducta en un hábito. Sí. Llegar, encender, sentarse y esperar, se había convertido en un hábito para ella. Un hábito que empezaba a no gustarle. Como cuando se dio cuenta de que no le gustaba fumar.

Marcela siempre acababa creándose dependencias. ¡No tenía fuerza de voluntad!  La habían educado en esa creencia, en la creencia de que la voluntad tenía fuerza y era cuestión de cogerla por los cuernos, como a los toros, e imponerse a ella.  ¡Adueñarse por fin de su voluntad y guardar en el trastero aquel pc, eso era lo que tenía que hacer!

No quería. En realidad, no quería. No quería ponerse a pensar, moverse,  leer, estudiar, limpiar, comprar, pasear... hacer cualquier otra cosa. Era mejor dejarse llevar por la inercia. La embargaba una sensación muy potente, y equivocada, de qué sin ese ritual diario al llegar a casa, la vida no era nada. El ordenador le servía para llenar su vacío de nada. Y nada quería hacer que no estuviera vinculado a la máquina. Aquella endiablada máquina.

Ahora, mucho tiempo después, esas preguntas, procedentes de la mesa de al lado, que la habían conducido al pasado, se transformaron en otra pregunta: ¿Quien dijo que cualquier tiempo pasado fue mejor?

Dio un último sorbo a su té, y dejando unas monedas sobre la mesa, salió de la cafetería sonriendo.

11 comentarios:

  1. Seguro que no fue mejor el tiempo pasado.
    Salud y final abierto.

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  2. Seguro efa, seguro.

    Los finales abiertos permiten seguir recorriendo caminos insospechados, no crees?

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  3. Woman, precioso tu relato. Parece claro que como dice Nieztzche "Hay que tner un volcán interior para situar una estrella en el firmamento"...tú lo tienes.

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  4. Pablo, Maravillosa cita esta que nos traes. Y lo que más me gusta, es ese "situar" de la estrella. Es posible que las estrellas no se encuentren allí, que no haya más firmamento que el que somos capaces de construir. Y vamos entonces, situando estrellas. Tu eres una de ellas. Gracias.

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  5. ¿Cuálquier tiempo pasado fue mejor?, no definitivamente no, cada tiempo tiene lo suyo, prefiero pensar que cada día me traerá algo nuevo.
    Ahora, a veces dejarse llevar por la inercia no es malo.
    Besos

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  6. Quizá lo dijo alguien que no se da cuenta de no hay otra cosa que el hoy, en tanto su mirada, cual estatua de sal, permanece clavada en los capítulos no resueltos de su pasado.

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  7. Gaspar,

    ¡qué dificil no resistirse al cambio! Al fin y al cabo, esto de "aquí" lo conocemos y nos manejamos -mejor o peor- con ello... pero, ¿con qué me confrontará lo que vendrá? Y ante esa incertidumbre, nos resulta más facil pedir, como en el chiste: "Virgencita, Virgencita, que me quede como estoy"

    PazzaP,

    Mientras pienso esto que has escrito, veo como caminan apresuradas las estatuas de sal por las calles de la ciudad.

    Y digo yo, si nos cuesta ver que no hay otra cosa que el hoy, ¿será que necesitamos soñar un ayer y un mañana para saciar nuestra necesidad de trascendencia? ¿o qué?

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  8. Cuesta ver lo que prefiere soñarse sólo porque uno cree que no lo tiene.

    Si este mundo es una ilusión colectiva, soñar es meterse más adentro de ella.

    La cuestión es que la trascendencia se va intuyendo en la ahoridad, lo único que hay. Mientras que la necesidad de soñar proviene de la ansiedad que produce no aprehender eso.

    Con el sueño uno se proyecta y pospone el ahora que idealmente le traerá lo que uno ya es. Y en tanto persevere, más atrapado estará en la ilusión.

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  9. Anónimo4/3/11 14:17

    Gracias Woman por abrir estas ventanas que nos liberan pensamientos. Tu protagonista no tenía hábitos, sino cobardía y se refugiaba en soportes accidentales. Supongo que no cambió el ordenador por el café en su hábito. El café representa la vida abierta, la calle, la variedad, la libertad de movimento, de pensamiento. Las estrellas las ponemos nosotros en el universo que es nuestro espacio natural, basta creerse para ser, porque podemos ser aunque no nos vean. Con cuidado de no estrellarse, que los golpes nos hacen ver las estrellas y no es un ametáfora, yo las he visto, como en los tebeos. Tu reflexión es una linda invitación a hacernos en cada momentos sin arrugarnos porque podemos encontrar la realización en tantos soportes... También aquí en el ordenata, leyéndote y contestándote, y si eso te contenta, más. Varón Obarti.

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  10. Anónimo Varón Obarti,

    Un placer leer sus reflexiones. Incluídas aquellas que hacen a la cobardía y que me trae el recuerdo de Borges cuando escribe: "de lo que un hombre jamás podrá arrepentirse es de haber sido valiente". Valga también para las mujeres. Y para usted, mi querido amigo, que ha de estar orgulloso de haber visto las estrellas, por atreverse.

    Un beso estrellado.

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  11. Sorprendente, la rutina es lo que te cierra a vivir una vida. Me sorprende como crecemos como enredaderas dependiendo d eun palo que nos aguante. Ella fue capaz de crecer sola.
    Me gusto mucho

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